OCTUBRE 2008 Gracias a J.García Hurtado por impulsarme a los caminos. Casi dos semanas pasé preguntándome cuál sería la razón por la que uno puede amar un lugar sin conocerlo conscientemente, simplemente por haber nacido en él. Llegué a concluir, después de haber debatido conmigo mismo (como siempre hago) que uno se graba por siempre el sabor del aire que primero llena sus pulmones. Hoy, mi hermano Hernán me señaló, no sin razón, que la solución puede ser más sencilla: Uno nace en un lugar y quiere volver. Casi un "porque sí". Hernán fue mi compañero elegido de viaje; Berto y Lilián quienes me invitaron a volver tras veintinueve años y diez meses de haber abandonado, incapaz entonces siquiera de recuerdo alguno, mi primer casa en Alpachiri y mi ciudad natal Guatraché; ambas en el partido de Guatraché, en la provincia de La Pampa, centro-sud de Argentina. Ciudades de campo, las que (dicen) mueven al país, se suceden unas tras otras mientras la amenaza climatológica crece. Colu...
Comentarios